Hace un tiempo rayé la papa con la muerte. Pensaba que me iba a morir de un ataque cardíaco por ejemplo. Que iba a salir volando como en las películas (medio transparente), y que iba a ver, todo, desde arriba.
Entonces me veía tirado en mi cama, mientras mi vieja entraba al depto con mi hermano.
La cara de espanto de mi vieja era inmensa (la mía también porque el chiquero que tenía adentro del depto era como pa asustarse).
La dura que tenía ese rayón de papa.
Otro día aluciné con que un weón entraba a mi pieza a matarme. Yo trataba de defenderme, pero no me daba la fuerza. Así que tratando de dialogar con el malhechor (me gusta esa palabra) desperté jadeando. Y descubrí que el proyecto de asesino era el sillín de mi bicicleta.
Uff.
Salvao.
Eso fue hace rato ya.
Pero mucho antes tuve un blog. Mi nombre era Juan Solo, hasta que me quede solo de verdad.
Cosas que pasan.
Ese blog fue groso, pero también fue un cuchillo cocinero, grandote y de mango negro. Como pa cortar carne por ejemplo. En eso se transformó mi blog Juan Solo.
Y como pienso que los cuchillos son peligrosos, decidí hacer lo mismo que le criticaba a otros blogueros: dejé de escribir sin avisarle a nadie.
Huyamos por la izquierda, y me fui callao el loro.
Salí volando, medio transparente, y ahora lo veo desde arriba. A mi blog antiguo me refiero, que era como mi casa, pero en versión ordenada.
Snif.
Luego de eso vino mi etapa de agente secreto.
Salía en las noches disfrazado de Juan Súper Normal, o Juan Súper Bicicletero. Nadie me cachaba eso si, pero esa era la idea. A la vuelta me dedicaba a volar, por la estratósfera del mundo televisivo claro está. Esos weones están más locos que yo, pensaba.
¿Han visto “Locos por el baile”?. Debería llamarse “Sicóticos por el baile”.
Hay demasiada locura ahí.
No sé si solamente yo veía eso, pero estaba en una etapa de descubrir el elemento vital de la televisión. Casi para llegar al hueso mismo del concepto y decirles en la cara, ¡¡¡los descubrí maricones, sé cuál es el secreto de uds!!!.
Y me iba a arrancar con ese pedazo de piedra, color rojo, que se supone que era la poción mágica de la tevé que tenemos hoy.
En esa pega estaba cuando compré a "Wilson", mi mini-televisor de 11 lucas, que me acompañaba a todas partes. Una especie de robot con capacidad para hablar de cualquier estupidez. Televisión y radio a la vez. Wilson parece un marciano pero con perillas negras.
Yo estaba feliz.
Ya no era necesario tener un gato (además que no tengo mucha onda con los gatos). Si me fueran a matar a la casa, por ejemplo, mi gato no haría nada por defenderme. Wilson tampoco, pero por lo menos no se mea en la alfombra.
Bueno, Wilson fue mi compañero de ruta, y por culpa de él se me ocurrió armar otro blog.
Les cuento: un día en la noche el weón de Wilson me dijo claramente en la oreja: "loco, trata de cambiar tu casa".
Wow, pensé, e interpreté sus palabras como "arma la casa de nuevo".
Suavemente.
Así que preparé mi espada, mi escudo y mi capa, y me decidí a armar esto. Otra vez.
Ahora faltaba escribirle algo.
Dediqué horas y horas en pensar cómo le explicaba al resto eso de la piedra mágica que hay adentro del televisor, y que poca gente ve. Eso de cachar que adentro de la cajita idiota están todos recagándose de la risa de nosotros y que salen a almorzar juntos con el sólo propósito de ponerse de acuerdo para el próximo paso.
¿Cómo explicaba eso?. Más difícil que la cresta po.
En eso estaba (craneando), cuando se me ocurre -además- salir de vacaciones e irme a Temuquismo en cleta.
Tenía todo, o casi todo, listo.
Las ganas eran lo que más pesaba adentro de mi bicicleta.
El resto eran: herramientas, ropa, rutas, mapas, repuestos varios, alforjas para cargar las cosas, y una bicicleta nueva. Hermosa, bella.
La mansa mina que tenía pa irme a Temuco.
Al entrenamiento también le apliqué potencia. Mi estado físico mejoró notablemente, junto con mi cara de alegría.
Llegar a mi depto después de andar en cleta era una weá muy grosa. Era como desaparecer del mundo, y volver.
Caminar en el aire, leí un día.
Y eso es: caminar en el aire.
Yo volvía de mi día de trabajo, pa caminar en el aire. Eso.
Si esto fuera una peli acá empezarían a aparecer las letritas del inicio. Yo voy manejando de noche, feliz de avanzar rápido en mi bici-mujer-linda-nueva. Es el 14 de marzo 2007 y se me cruza una camioneta grande, pero que no tiene intermitente al parecer.
Me asusto, freno y siento que choco con un muro de concreto. Un pedazo de cemento grueso y pesado me pega en la cara. Páf.
La cámara me enfoca y empieza a rotar.
El muro es el suelo. Y yo soy un muñeco de trapo que se acaba de sacar las re xuxa en la calle.
1, 2 y 3 segundos en el suelo después del choque. Me paro tan rápido que no me doy cuenta que las luces de mi bici y el bolsito de herramientas están tirados por cualquier parte.
Me interesa más saber si efectivamente se salvaron mis dientes.
Y claro, se salvaron. Estaba intacto, según yo. Soy inmortal, pensé, hasta que me vi un chichón en la cara.
Hasta que me vi las rodillas como papa, y sangrando.
Hasta que me subí a la cleta de nuevo y sentía que los brazos estaban divididos en 10 partes.
Hasta que llegué a la Posta Central.
Hasta que salí del centro medico con el brazo izquierdo enyesado, y el derecho pal pico.
Hasta que no pude mover más los brazos.
Hasta ese momento, yo pensaba que era inmortal.
Y vi mi departamento, no desde arriba. Desde abajo, y sin poder mover nada. Estaba el chiquero tal cual lo había dejado. Todo tirado en el suelo.
Esa noche del accidente dormí con la guía de teléfonos y mi notebook arriba de mi cama. Los había dejado ahí antes del accidente porque "luego los ordenaba" le dije a Wilson, pero a la vuelta ya no tenía la fuerza suficiente ni para sacarme la ropa.
Eso fue como morir, pero en miniatura.
Y tuve que volver a casa de mis padres porque los amigos -que fueron de verdad amigos- no podían estar ayudándome en todo (snif, aprovecho de mandar un saludo a tod@s. Gracias totales chic@s).
Sigo.
Casi sin poder mover los brazos volví a mi ciudad natal, Valparaíso, a casa de mis padres. Veintiún días de licencia con reposo absoluto que se convirtieron en un caldo de cabeza enorme.
Vi tele como condenado. Mucha tele.
El primer día que estuve donde mis padres, por ejemplo, vi el caso de Charly (http://almadormida.blogspot.com/2006/06/jose-carlos-carballo-sale-del_10.html).
Lo mío es una partícula de dolor, o menos que eso, pensé.
Me puse más llorón que la cresta también.
Yo podría estar un año entero sin mover los brazos con tal de no pasar lo que José Carlos Carballo pasaba forever laif.
Me fui en esa volá.
Y en varias más.
Mi declaración de principios televisiva para este blog se quedó en la mitad. El blog también por supuesto.
Todo frenó ese día. Mis vacaciones, mis salidas en bici, mi depto desordenado.
24 días después volví al país de la realidad, a Santiago pa volver a trabajar digo. Nadie sabe que el día que dejé Valpo no quería hacerlo. O sea, un amigo sabe.
Salí de Valparaíso el día 8 de abril. Y no quería hacerlo, repito.
Pero los frenazos sirven digo yo, y una de las primeras cosas que hice, cuando volví, fue ordenar mi depto.
Lo dejé soplado.
Y la segunda cosa que hice cuando volví fue hablar con Wilson, mi fiel compañero.
Le dije: Wilson, yo sé más o menos dónde está la piedra mágica de la tevé, pero ya no me interesa tanto encontrarla pa mostrársela al resto.
Que siga donde está. Yo paso por ahora.
Y así no más fue. Dejé de ver tanta tele como antes. Dejé de levantarme escuchando las noticias y un poco de los matinales, dejé de dormirme viendo el último programa de la noche.
El primer día después de mi nueva vida escuché, en la mañana, un disco entero de Fabiana Cantilo, ese donde sale un tema que se llama "Nada es para siempre". Al día siguiente escuché un especial de punk.
Eso hago ahora. Escuchar rock, que es algo que nunca he podido dejar de escuchar. Rock (clásicos, bandas nuevas, lo que se me ponga por delante) y solo rock.
Y el sábado 28 de abril volví a andar en cleta por primera vez después del porrazo. A velocidad de "abuelo", pero volví.
Y volví a salir pa ver qué pasaba con la ciudad. Me encontré con lugares que no me daba cuenta que existían. Yo pasaba tan rajao en cleta que ni los pescaba.
Escuchando radio llegué también a una "guerra de almohadones" organizado por www.criminal.cl.
Las cosas fluyen. Las energías también.
Dicen.
Ahora que lo pienso bien yo quise tener ese porrazo. No me pasó nada físicamente, absolutamente nada. Todo fue un espejismo.
Adentro se movieron más cosas.
El sábado fue un día luminoso. Tanto como el viernes en donde supe que había quedado seleccionado entre los 100 mejores cuentos de "Santiago en 100 palabras 2005-2006". Había mandado el cuento el año 2005, creo, y no tenía idea que estaba seleccionado desde esa época.
Me gustaba caleta ese cuento en todo caso.
Días luminosos, decía, como el día que desperté escuchando "Who´s Next" de The Who y que me recordó una de mis pelis favorita ("Casi famosos" de Cameron Crowe) quizás por eso me dieron unas ganas raras de llorar. Una weá muy extraña, sobretodo cuando uno está en la ducha.
Pero llorar no de pena, llorar de cachar que esta weá va bien. O que yo la veo bien por lo menos.
Me abrochaba los zapatos en la mañana, y decía: “puta, que piola el día”.
Esta es mi declaración de principios nueva. No vale la pena tanto buscar, a veces, algo pa perder otras cosas, tanto o más, importantes. Wilson entenderá que ya no lo pesco como antes (él habla estupideces, pero entiende perfecto).
Prefiero enfocar la energía en otros puntos.
Estoy más feliz que la cresta de tener mi depto presentable. Estoy más feliz que la cresta de salir a caminar de nuevo.
Un saludo a todos.
Volví Juan Soto 3.0, y les dejo el cuento de regalo. Es de una época en que yo viajaba todos los días Viña-Stgo, Stgo-Viña.
A veces siento que fue hace 50 años, pero no…fue hace poquito no más.
Chau.
”El Espejo”Todas nuestras caras se reflejaban en el vidrio de las puertas del Metro. En eso estábamos hasta que llegamos a la estación donde el locutor/conductor dijo: “Héroes”. Y ahí estábamos todos reflejados en los espejos de siempre, con las caras de sueño de siempre. “Héroes”, dijo, “combinación línea dos”.
(Seleccionado en “Santiago en 100 palabras: los mejores cuentos III” 2005-2006)